domingo, 10 de mayo de 2009

ACTA FUNDACIONAL Y DECLARACION DE PRINCIPIOS


espacio de pensamiento, análisis y opinión



Frente al mercantilismo político de este principio de siglo, a la comercialización y el menosprecio de la voluntad popular, frente al oportunismo de los mediocres que pretenden generar núcleos hegemónicos y centralizadores de poder;

Frente al desprestigio de la política como sostén básico e indispensable de participación en el relato histórico de la democracia;

Frente al ocaso de una generación de pensadores que defendieran con su pluma, su palabra, su ejemplo de vida y hasta su sangre una visión de patria federal y popular;

Hoy la patria nos demanda y nos manda luchar contra el conformismo y la deformación de los principios, contra la marginación de los ideales, hoy reclama a sus hijos el compromiso y la responsabilidad que nuestras vidas conllevan, con la fe incorruptible en los valores y la intransigencia ante la opresión de las viejas y corruptas estructuras de poder.

Retumba en los ecos de la ignorancia y en el falso caudillismo avasallador del pensar plural y del liderazgo verdadero, la imperiosa necesidad de recuperar la manera de hacer política basada en ideales, principios, participación y compromiso.

Enciende en nosotros la esperanza que se amalgama con una fuerte voluntad de reconstruir un País, una Nación, una República

Anhelamos recuperar los valores esenciales del hombre en sociedad. Los valores éticos y morales de los partidos políticos y la idea de Nación, enfrentando antinomias y antagonismos.

Estamos persuadidos que este es el camino que lleva a profundizar la democracia, a construir la unidad nacional, consolidar la paz interior y afianzar la justicia.

Nos sentimos infundidos de plenos sentimientos de libertad, igualdad y justicia. Nos mueve un profundo sentido patriótico. Nos guía la ética, la solidaridad y el compromiso hacia la reparación moral y la soberanía política.

Queremos iniciar esta travesía hacia una contundente reforma moral de la vida pública e individual del hombre. Elevamos como bandera la moral de una generación para ennoblecer sus días consagrados al servicio de un ideal nacional que se confunde en la superación y el significado último de la condición humana.


No nos conforma el país que nuestros ojos divisan. Trabajamos para una Argentina nueva.

Rescatamos los valores y valentía de los jóvenes, hombres y mujeres que integraron la Unión Cívica de la Juventud.

Traemos, de Alem, la intransigencia contra cualquier forma de corrupción y oportunismo político que menoscabe el inmenso valor de la soberanía institucional y política, de la libertad personal y la profunda convicción que nuestra Causa es la causa de los desposeídos

Sostenemos que los cambios que proponemos deben ser profundamente RADICALES.

Pensamos, con Yrigoyen, que los hombres son sagrados para los hombres y los pueblos son sagrados para los pueblos.

Redimimos a los hombres libres de aquella generación sudamericana del 18, que con su ética de las convicciones fueron capaces de gestar la Reforma Universitaria, fuente permanente de nuestra inspiración.

Somos continuadores de Sabatini, Lebensohn, Larralde, Illia, Karakachoff, Amaya y tantos otros.

Descubrimos en 1983, a partir del rezo laico del preámbulo de la Constitución Nacional, el valor de la democracia y del Estado de Derecho que algunos habían despreciado en nombre de otros ideales, sin advertir que no eran excluyentes.

El horror de la dictadura y el terrorismo de Estado, las prisiones, las muertes y los exilios nos mostraron definitivamente el largo rostro cruel de nuestra historia y la necesidad de articular las viejas banderas sociales con los nuevos aires que a ellas podía proporcionarles la democracia.


En un maravilloso mérito de los que entonces condujeron la transición democrática, pero también de todos los ciudadanos, vencimos los miedos para realizar una utopía, la continuidad democrática, la paz, la búsqueda del consenso político y social, la reivindicación de los derechos humanos no sólo juzgando a las juntas militares sino asegurándolos en medio de la transición más difícil y para los tiempos por venir.

Sería imposible no reconocer en ese logro una enorme deuda con el gobierno radical presidido por Raúl Alfonsín, el símbolo indiscutible e incontrastable de la Democracia recuperada por los argentinos, de quien sin pudores ni falsas modestias nos sentimos hijos y herederos.


Somos y seremos “Hacedores de la Democracia” y nos definimos como un espacio político de pensamiento, análisis y opinión cuyo único límite es la Constitución Nacional y la Profesión de Fe Doctrinaria del Radicalismo.

Constituimos un ámbito de libertad para crear con sentido crítico y autocrítico, con fuerte contenido doctrinario e ideológico, defensores de la soberanía popular, económica, política y cultural. Constructores de una independencia activa y altiva,

Nuestro programa es la unión nacional, la unidad de lo diverso y no nos atamos a la defensa de intereses mezquinos o de parcialidades, consideramos al pueblo como un todo, con profundo respeto por el conjunto y por los individuos que lo integran, con espíritu de comprensión y afán de convivencia, aspirando a concretar un aporte que ayude a la definitiva marcha de la Republica por caminos institucionales y democráticos, hacia metas de la más amplia libertad y la mayor justicia.

Afirmamos el sistema Republicano, Representativo, Federal y Parlamentario, fundado en el voto secreto, universal y obligatorio, respetuoso de las libertades individuales, de la libre expresión de las ideas y constructores de la solidaridad y la democracia social

En signo visible de iniciación, el 6 de Septiembre cargado de simbolismo de reafirmación de la Democracia contra cualquier intento de menoscabarla, golpearla, socavarla o desprestigiarla, abrimos una posibilidad, abrigamos una esperanza.

Convocamos a todos a fortalecer el espíritu que dio nombre y origen a la Unión Cívica Radical, la fuerza nacional del civismo argentino, para retomar con vigor la línea popular, nacional y democrática que marcaron nuestros fundadores.


Ello significa respeto por los derechos del hombre y las libertades publicas, apertura de la educación al pueblo en todos sus niveles, conducción económica de inspiración nacional, orientando hacia el desarrollo del país y hacia mecanismos de creciente justicia distributiva, solidaridad con los pueblos del mundo, respeto por su autodeterminación y la pluralidad cultural de nuestra América india y latina.

Cada momento histórico del radicalismo esta escrito con presencia popular y pleno de principios e ideales. Comprometemos en este camino nuestro espíritu, nuestra convicción y hasta la vida misma si fuera necesario, por ese anhelo de heroísmo olvidado, por esa búsqueda incansable de igualdad y libertad, por esa construcción nacional.

Al decir de Moisés Lebensohn, “no puede ni debe haber disociación entre la palabra y la conducta, entre el discurso y la práctica, entre los medios y los fines, entre la ética y la política. Debemos repudiar a aquellos que escriben Radicalismo de una manera y pronuncian de otra”.

Los “Hacedores de la Democracia” estamos convocados, y nos
ponemos en marcha.-

RESISTENCIA, Chaco 6 de Septiembre de 2008




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