
Esto arranca con una foto. Probablemente si yo no la hubiera visto, se me habría pasado, no lo habría advertido. Pero la imagen me golpeó.
El 6 de octubre de 2009, el suplemento de economía del diario La Nación, publicó una crónica desde Montevideo, con la inauguración del nuevo aeropuerto internacional de Carrasco, en las afueras de Montevideo.
El título de la crónica no fue lo que me llamó la atención: “Ratificó Eduardo Eurnekián que quiere comprar Telecom”. En verdad, el enviado fue a cubrir la apertura de un aeropuerto en otro país, y sin embargo la noticia que comentaba era absolutamente doméstica para la Argentina. Eurnekián podría haber ratificado ese interés por Telecom sin necesidad de cruzar el Río de la Plata. De todas maneras, el periodismo argentino se maneja a veces con esos zigzagueos o circunloquios muy curiosos. Es muy frecuente que, por ejemplo, un periodista acompañe a la Presidenta a Nueva York -o como ahora, a la India- y nos cuente desde allí a quién van a nombrar como director de una dependencia estatal en el Comahue. Hay una mirada argentina muy endógena, muy para adentro, nunca importa lo que está pasando afuera, si no tiene relación directa con lo nuestro.
Pero la foto no permitía equivocarse. La crónica dice que Eurnekián negocia la compra del 50% de Telecom, y que busca una alianza con en magnate mexicano Carlos Slim. De modo que nada de lo propio del acto aparece en el título. La volanta dice “Ampliación del aeropuerto de Montevideo”. En verdad, para quienes no conocen o no viajan con frecuencia a Montevideo, el nuevo aeropuerto que construyó la empresa de Eurnekián y su Corporación América es moderno y muy atractivo
La foto que ilustra la nota muestra al presidente uruguayo Tabaré Vázquez -a punto de ser reemplazado, pues en marzo culmina su mandato luego de cinco años, ya que se vota dentro de un par de semanas para elegir el nuevo presidente de Uruguay- junto con el dueño de la empresa que hizo la obra, Eduardo Eurnekián, y alguien más. Aparece, cortando la cinta del aeropuerto de Carrasco, Jorge Batlle, presidente uruguayo, previo al comienzo de mandato de Tabaré Vázquez.
¿Por qué fue Batlle a ese acto e inauguró la obra junto con Vázquez? Porque la obra del aeropuerto fue comenzada durante el tramo final de su gobierno. ¿Y cuál es la noticia? La noticia es que Vázquez, un médico socialista, de izquierda, admirador de Fidel Castro y la Revolución Cubana, es actual presidente de Uruguay por el Frente Amplio –coalición de partidos de izquierda de la que forman parte comunistas, tupamaros y muchas variantes de la izquierda uruguaya-, mientras que el otro hombre que está cortando la cinta junto con Vázquez y que hace cinco años dejó la presidencia, Batlle, es un hombre de la derecha del Partido Colorado –partido tradicional uruguayo-, un liberal conservador sin ningún punto de contacto ni político ni ideológico con Vázquez.
Uruguay es un país en serio. Pequeño, chico, tal vez no muy relevante para los grandes asuntos mundiales, pero serio. Para un socialista como Vázquez, encabezar una ceremonia con un liberal de derecha no tiene nada de extraordinario. Es algo sencillamente lógico, natural y congruente con la historia uruguaya, que desde luego no es perfecta, porque ha sufrido alteraciones, golpes de Estado y violencia. La historia de Uruguay no es un cuento de hadas.
El nuevo aeropuerto costó 200 millones de dólares; es una obra privada contratada por el Estado uruguayo, que comenzó con un gobierno y terminó con otro. Y aún cuando uno y otro gobierno marcan una ruptura muy importante de la continuidad política e ideológica tradicionales, para ninguno de ellos –ni para el actual, Vázquez, socialista, marxista, frenteamplista; ni para Batlle, conservador, liberal, colorado, tradicional- fue algo inviable, impracticable o inimaginable inaugurar conjuntamente una obra. ¿Por qué? Porque Uruguay es un país que tiene madurez institucional y, sobre todo, preserva su continuidad histórica y jurídica.
¿Sería imaginable que Néstor ó Cristina Kirchner inauguraran una obra que hubiesen tenido que compartir con una persona teóricamente tan peronista como ellos, como por ejemplo su antecesor Eduardo Duhalde? ¿Alguien imagina la foto de Duhalde y Néstor, o de Duhalde y Cristina, inaugurando juntos una obra?
No, no es posible. La Argentina, y sobre todo el peronismo, exhiben una historia antropofágica, canibalística, en la que pasado es despreciado y menoscabado; y el futuro es propiedad de quienes atraparon y retienen el poder.
Por eso la foto de Tabaré Vázquez con Jorge Batlle patentiza, por ser lo opuesto a lo que sucede aquí, la realidad de una Argentina que no existe.
Para ponerlo negro sobre blanco, y de manera directa: ¡qué enorme envidia cotidiana y permanente da la pequeña y admirable República Oriental del Uruguay! ¿Cuándo podremos ser, en este sentido al menos, como ellos?
Fuente: Perfil













